La migraña es una cefalea primaria caracterizada por episodios recurrentes de dolor, de 4 a 72 horas de duración. La cefalea suele ser de intensidad moderada a grave, unilateral y pulsátil, y empeora con la actividad física.

Suele acompañarse de síntomas gastrointestinales como náuseas, intolerancia al sonido (fonofobia) y a la luz (fotofobia).

Las causas más frecuentes que pueden potenciar la aparición de migraña son el estrés, los trastornos del sueño (sobre todo en pacientes que sufren apnea del sueño), la obesidad y el abuso de analgésicos y de cafeína.

También la depresión puede desencadenar la aparición de migraña, incrementándose la sintomatología de ésta cuanto más grave sea la depresión.

En un 30% de los pacientes la cefalea es precedida por síntomas neurológicos focales transitorios (generalmente visuales o sensoriales) que suelen preceder o acompañar a la cefalea y se denominan “aura”.

Se manifiesta en forma de crisis o ataques. A excepción del tiempo en el que duran esos ataques, el paciente se encuentra asintomático. La frecuencia de los episodios es variable, pudiendo oscilar entre uno al año y varios por semana.

La migraña es un trastorno frecuente, con mayor prevalencia en mujeres (2-3 veces más frecuente que en hombres), que afecta al 11-13% de la población adulta. En el caso de la migraña crónica la prevalencia es del 2,4% de la población. Aproximadamente el 2,5% de las personas con migraña episódica progresan a migraña crónica en el curso de 1 año, y más del 50% de los pacientes con diagnóstico de migraña crónica remitirán espontáneamente a migraña episódica en el transcurso de 3 años.

El abuso de fármacos, la elevada frecuencia de crisis de migraña, la predisposición genética, la alteración de neurorreceptores nociceptivos, factores psicopatológicos y mecanismos de sensibilización central y periférica se han identificado entre los mecanismos de cronificación, que puede suceder en meses o años.

Afecta tanto a hombres como a mujeres. Usualmente se desarrolla entre los 30 y 55 años de edad.

El diagnóstico de la migraña es clínico. En función de la frecuencia de los episodios se clasifican en migraña episódica (si el paciente presenta cefalea menos de 15 días al mes) y migraña crónica (si el paciente presenta cefalea 15 o más días al mes durante más de tres meses, de los que al menos 8 días sea de tipo migrañoso).

El tratamiento se fundamenta en el tratamiento sintomático de las crisis de migraña y en el tratamiento preventivo.

El objetivo del tratamiento sintomático es recuperar el estado funcional del paciente y se puede dividir en inespecífico [con el uso de algunos analgésicos y antiinflamatorios no esteroídicos (AINE)], específico (con el uso de triptanes y ergóticos) y coadyuvante (con el uso de antieméticos y procinéticos). Deben considerarse además la identificación y manejo de los factores de riesgo que pueden predisponer al desarrollo de una migraña crónica y plantear la deshabituación de analgésicos cuando existe abuso.

No hay una definición consensuada sobre la frecuencia o duración de la cefalea migrañosa que requiera tratamiento profiláctico. De acuerdo con la Sociedad Española de Neurología, el tratamiento preventivo está indicado en los pacientes que sufren tres o más crisis de migraña al mes o, en caso de menor frecuencia, en situaciones de especial duración o intensidad, escasa respuesta o intolerancia al tratamiento sintomático, en pacientes que presentan auras prolongadas o con sintomatología basilar, o los que tienen una crisis epiléptica en el seno de un ataque de migraña. Asimismo estaría indicado cuando existe riesgo de abuso de fármacos o éste ya está presente.

El tratamiento preventivo es similar para la migraña episódica y crónica. En las guías actuales se recomienda como proflaxis en primera línea el tratamiento con betabloqueantes (propranolol, metoprolol), antiepilépticos (topiramato o ácido valproico), calcioantagonistas (flunarizina) o antidepresivos (amitriptilina). La selección de la opción idónea se hará en función de las características del paciente.

En los pacientes con migraña crónica, en caso de falta de respuesta al tratamiento con betabloqueante y topiramato u otro neuromodulador, si no se toleran dichos fármacos o están contraindicados se recomienda el tratamiento con toxina botulínica.

Recientemente se han incorporado al arsenal terapéutico disponible para la profilaxis de la migraña dos anticuerpos monoclonales (erenumab y galcanezumab) que pertenecen a una nueva familia de medicamentos antimigrañosos dirigidos frente al receptor del péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP por sus siglas en inglés) o su ligando.

En los pacientes con migraña, el objetivo fundamental del tratamiento preventivo es reducir la frecuencia, intensidad y duración de las crisis de migraña, de forma que se mejore la calidad de vida, reduciendo el impacto de la migraña en la funcionalidad del paciente. Se considera una profilaxis eficaz si a los tres meses se ha alcanzado una reducción al menos del 50% de los ataques mensuales.

La migraña es una enfermedad que presenta mayoritariamente síntomas transitorios. Aun así, representa un importante problema de salud y es el motivo más frecuente de consultas de neurología, como se ha comentado. La mayoría de los pacientes describen una limitación para la realización de las actividades habituales durante las crisis.

En muchos de los pacientes la migraña deriva en pérdidas de días de trabajo o asistencia a la escuela. Incluso, puede llegar a producir reducción de la productividad en las funciones laborales y pérdida de tiempo en actividades no laborales.

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