El asma es una enfermedad crónica del aparato respiratorio en la que los pacientes que la padecen presentan inflamación de los bronquios en respuesta a distintos estímulos del ambiente, por lo que el aire fluye con mayor dificultad y da lugar a sensación de ahogo.

Los estímulos que producen en mayor medida esta respuesta irritativa son: el polen de las plantas, la contaminación, el humo, las emociones, la risa, el ejercicio, algunas medicinas entre otros. En ocasiones no somos capaces de identificar exactamente qué estímulos están implicados.

Las principales causas o factores de riesgo que pueden favorecer la aparición de la enfermedad son tanto la genética del paciente, que exista una predisposición familiar y hereditaria a padecerla, la predisposición alérgica, pacientes que tienen tendencia a presentar reacciones alérgicas a diversos estímulos y factores ambientales, la obesidad, la rinitis, el tabaquismo de la madre durante el embarazo, nacimiento prematuro y la exposición a factores ambientales, como el humo del tabaco, algunos alérgenos y bacterias que puedan producir infecciones respiratorias.

Además de esto, existen una serie de factores que pueden agravar o desencadenar una crisis de la enfermedad, lo que se conoce como ataque de asma, con aparición de sintomatología y empeoramiento de la enfermedad. Estos factores pueden ser: la contaminación, el humo del tabaco, cambios en el clima, el ejercicio y las infecciones respiratorias. Además, el tratamiento con algunos fármacos como ácido acetilsalicílico (aspirina) y algunos antiinflamatorios también pueden producir estos ataques de asma. La parte positiva es que estos factores agravantes o desencadenantes de los ataques de asma son prevenibles y evitables.

Habitualmente los síntomas suelen aparecen de forma rápida (ataque de asma). Los síntomas más frecuentes son:

– Tos
– Opresión en el pecho
– Pitos
– Sensación de falta de aire.

El asma es una enfermedad relativamente frecuente y en España afecta aproximadamente al 5 % de la población adulta y al 10 % de los niños. En la mayoría de los pacientes, la enfermedad empieza en la niñez y es raro que los pacientes debuten en la edad adulta.

La principal complicación de la enfermedad es la aparición de los ataques y crisis de asma. Tal y como se ha indicado, son episodios agudos que se caracterizan por un empeoramiento de la sintomatología habitual de la enfermedad, sobretodo causando problemas a la hora de respirar.

Las complicaciones derivadas de estos ataques de asma son:

– Alteración del sueño, del trabajo y de las actividades de la vida diaria
– Días de ausencia en el trabajo o en el colegio
– Progresivo estrechamiento de los tubos bronquiales con remodelación de las vías respiratorias que dificulta la respiración
– Posibilidad de ingresos hospitalarios
– Posibilidad de aparición de efectos secundarios derivados del consumo de fármacos que estabilizan las crisis asmáticas a largo plazo

Para poder evitar estas complicaciones es imprescindible un tratamiento adecuado y el correcto cumplimiento de éste.

El tratamiento farmacológico del asma y del alivio de sus síntomas, se basa en el uso de distintos fármacos que se separan en distintos escalones terapéuticos:

Escalón 1. Tratamiento intermitente de alivio con beta adrenérgicos de corta duración (SABA): Para el tratamiento, alivio de sintomatología y rescate se emplea salbutamol o terbutalina.

Escalón 2. Introducción del tratamiento controlador: En pacientes con control inadecuado a pesar de los SABA (se requiere su uso más de tres veces por semana, se despierta por la noche a pesar, etc), los corticoides inhalados son el tratamiento controlador de elección. Como controladores, aunque no tan eficaces en la reducción de las exacerbaciones, también pueden utilizarse los antileucotrienos, como el montelukast.

Escalón 3. Inicio de la terapia añadida: en pacientes que no responden adecuadamente a las dosis bajas de corticoides inhalados, se puede añadir al tratamiento un beta adrenérgico de larga duración (LABA). Se prefiere utilizar combinaciones en presentaciones que contengan ambos fármacos.

Escalón 4. Intensificación de la terapia añadida: en pacientes que no responden adecuadamente al tratamiento con dosis bajas de corticoides inhalados y LABA, se recomienda finalizar tratamiento con LABA y aumentar la dosis de los corticoides inhalados. Otra alternativa es mantener el LABA per aumentar la dosis de corticoides inhalados.

Escalón 5. Terapias a dosis altas: en pacientes que no responden a dosis medias de corticoides inhalados con LABA se deben considerar las siguientes estrategias terapéuticas: aumentar a dosis altas de corticoides inhalados, añadir antileucotrienos, teofilina o tiotropio.

Existen algunos casos en los que los pacientes no responden de manera adecuada a los tratamientos descritos anteriormente o bien dichos tratamientos no son suficientes para controlar la sintomatología. En estos casos, recientemente se han comercializado un grupo de fármacos de los llamados anticuerpos monoclonales. Debido a sus características, estos tratamientos son dispensados en la consulta externa de los servicios de farmacia de los hospitales para facilitar su seguimiento y control de posibles efectos adversos.

Actualmente, los fármacos de este tipo que están aprobados para el tratamiento del asma son:

– Omalizumab (Xolair®)
– Benralizumab (Fasenra®)
– Mepolizumab (Nucala®)
– Reslizumab (Cinqaero®)

Su médico seleccionará uno u otro en función su situación clínica particular.

– Guía Clínica de tratamiento de asma en adultos. Guía Fisterra
– Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI)

Fecha de última actualización: 11/03/2020

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies